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#1 BLANCO

Nos hicieron creer lo que veíamos, lo obvio, lo intrascendente. Nos enseñaron a aislar, a deducir y a razonar. Se olvidaron de enseñarnos a amar, a provocar, a responder y sobretodo, a conocer lo bello del dudar. Nos obligaron a dejar nuestros deseos en blanco: blanco pared, blanco nieve, blanco leche, blanco noche. Y de tanto blanco, el mundo se volvió oscuro. El blanco de la pared, negro por la luz apagada, nos hizo andar a tientas y provocó un choque, casi mortal, que nos devolvió a la realidad y que inundó nuestras mentes de ligero porexpan. Rompamos el inútil lápiz blanco. Hagamos arte sucio, películas apestosas, poesías rotas y canciones disonantes. Busquemos la sensación, plasmemos lo ilógico y el momento profundo e inexplicablemente insoportable, que nos provoca el no poder dormir. Pidamos piel de gallina para cenar. Y de postre, amor en vena, acompañado de su dolor inherente. Probemos a decirlo sin palabras. El temblor de tu mano, la rotura de un hueso, una estrella fugaz... Y que al encender la luz, la pared ya no vuelva a ser blanca.

 

#2 GRIS

El ruido metálico de las vías del tren. Qué idónea palabra la de crujir. El ruido del viaje se desvanece en ese intenso pero difuminado silbido cuando el tren avanza. Y se oye un móvil, una tos, un silencio. Color ocre, gris, negro; suciedad de lengua áspera. Algún ratón asoma la cabeza. Mira el mundo. Se esconde. De nuevo más luces, más gris y más gente. Y te fusionas con el paisaje, y te difuminas con el ruido. Y en el banco de atrás hay un futuro y un pasado, sentados a cinco sillas de distancia. Unos se agarran de la mano, otros no tienen brazos. Algunos esperan, otros lo hacen ver. El reloj, omnipotente, impone y engaña sin remordimientos.

Bienvenido a casa.

#3 AZUL

Cerré los ojos para perderme en sus pupilas azules y calcular cuanto dolor cabía en una lágrima. Sabía que en la tienda de abrazos, todos serían de segunda mano y que cada caricia se convertiría en arañazo. Al cerrar los ojos, la felicidad, redundante en lo concreto, se diluyó por un espacio infinitamente abstracto, de la mano de la promiscua y falsa belleza. Absurda simetría. Quiéreme, una y otra vez. Como un 15 de agosto. Luego, pausadamente, traté de abrir los ojos, pestañeando levemente. Per aún quedaba dolor. Volví a bajar los párpados, algo incómoda para conocer mi realidad. En tan solo aquellos segundos, entre luces caleidoscópicas, los osos polares, habían tomado la mala costumbre de masticar hielo bajo el agua del Caribe. Mientras los miraba, me quemé los pies por culpa de las ardientes piedras, enfrentadas al sol. Aún así, no quise abrir los ojos. Resistí. Un sorbo caliente y espeso de su zumo de amor me llevó de nuevo a aquella mirada, que, cuál huracán, me hizo agitar el pelo, hacia adelante cubriéndome todo el rostro. Mis dedos, moviéndose frenéticamente encima de un piano, sus gritos vacíos, y mi viciocleta pedaleando a toda velocidad por una recta, abandonando así, todo el paisaje que le sucedía y convirtíendolo en una masa borrosa. Aberraciones del sol entre las hojas, aunque esta vez molestas... Si abría los ojos, se acabaría. Después de todo, decidí ir moviendo mis párpados, lentamente, con una trayectoria vertical, y algo parabólica. La ventana que dibujaban mis ojos me condujo hacia un paisaje gris y hacia un mar de gente, acostumbrada a aquél domingo por la tarde permanente provocado por las sombras de los rascacielos. Y sorprendentemente, el paraíso artificial se desvaneció tras una cortina de agua azul. Dicen que algunos privilegiados volaban entre la espuma. Y así, de golpe, sus ojos azules me devolvieron una mirada llena de calidez. La lágrima dolida, retrocedió palpitando hasta volver a su lugar de origen -dicen que un órgano vital-.  Viví unos segundos de incerteza, por miedo a que todo aquello fuera volátil, a que no se volviera a repetir. Y de tanto temor, quise congelar aquél instante, aquella brisa y aquella sensación, tan nueva, tan sabida. Y por miedo a que mi mentira fuera cierta, decidí no volver a cerrar nunca más los ojos.

# LA LÍNEA

Una confluencia de los más ínfimos puntos que daba forma a la realidad. La realidad que ella conocía. Le habían enseñado a andar mirando hacia adelante, pero ella siempre se distraía: miraba las baldosas e intentaba no pisar las rayas que las separaban; se fijaba en los balcones, en las paredes… Se sentía obligada a colocar sus ojos hasta en el detalle más imperceptible. Se preguntaba en qué pensaba su vecino cada vez que hacía el nudo de la bolsa de la basura, y si las palomas de la calle conocían cada secreto de los fragmentos de la vida que configuraban la ciudad. Aún así, paseaba con su abrigo negro, siempre en línea recta, enfocando la mirada hacia el vacío, ese vacío que era para ella la más grande plenitud. Encontraba la belleza en todo lo que miraba, y era bello porque le hacía feliz. Cada vez que descubría algo nuevo, una extraña corriente le invadía: comenzaba en su talón de Aquiles izquierdo y le subía hasta los ojos, produciendo una desmesurada dilatación en sus pupilas. Su madre le decía que eso era de crecer.  Y mientas los niños querían ser mayores y los mayores jóvenes de por vida, ella solo se sentía ser. Como un punto que se multiplicaba infinitamente hacia delante, que crecía por dentro, pero que no conseguía hacerse grande por fuera. Ella era una línea recta, que sólo andaba hacia delante, integrando todas y cada una de sus experiencias. Y así creyó convertirse en su propia vida. Sin embargo, una mañana de invierno algo sucedió: la línea, tan firme y constante como era, en un preciso instante, se deformó, como si todo lo que había acumulado en sí misma, se desordenara en un caos infinito. Se había tropezado con un círculo.

# FRÍO

Salió a la calle. Sus zapatos ya no hacían ruido al andar y su pelo dejó de oler a colores. Un nudo decidió instalarse de forma indefinida en su estómago. El mar se quedó quieto, en silencio, incoloro. La lana de su jersey abandonó la intención de abrigarla del invierno; y mientras el gélido aire recorría cada uno de los poros de su piel, las palabras más bonitas que había escuchado retrocedían una a una hasta disiparse en un espacio desconocido. La contemplación se dilató creando una lentitud abrumadora. Pero ella no sentía nada… Nada excepto su alma, que se había compartido en su fiel compañera de camino.

#IMAGE

From my standpoint, film introduces us a sense, a sensation, a possibility and at the same time puts under review our experience. The image, works hand in hand with the empathy, makes us think and discovers us the beauty of doubting. Art and film, show us their strength and fascinating power as a mean and as an end.. Lenses look like the most holistic way of expressing our vision of life. Documentaries, fiction and new hybrid formats have the simultaneous capacity of building, altering and deconstructing our minds and world’s perception, from the smallest gesture to the biggest display. Film is beauty and effectiveness.